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sep 06

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Amigos con derecho a roce.

Sin título - 1

¿Quieres integrarte conmigo?

     Un estudio de un investigador norteamericano (no diré su nombre para evitarle una posible persecución de moralistas) asegura que las relaciones sexuales entre amigos no sólo no suponen un riesgo de ruptura de los lazos de amistad, si no que además, estrechan esos lazos más si cabe, debido a la potenciación de la confianza más íntima, no produciendo en la mayoría de los casos ningún daño emocional. El estudio desvela que en un porcentaje muy alto, esto tiene dos posibles consecuencias. Una, que refuerza aquella amistad , y la otra, que desemboca en un noviazgo feliz y duradero.

     Yo no tengo nada en contra, por supuesto que no, tengo muchas amigas, y nunca se sabe (entiéndase la broma). Son muchos los amigos que se atraen sexualmente pero son incapaces de comprometerse en una relación estable, por las razones que ellos entiendan, no voy a entrar en eso. Pero permitidme una pequeña reflexión sobre a que punto estamos llegando en una sociedad que nos machaca con un modo de vida que no a todo el mundo le viene bien, en el momento adecuado, ni con tanta facilidad como a otros.

     A veces, esas relaciones “esporádicas” de “me gusta mi amigo/a” en relidad quieren decir “como no tengo otra cosa me tengo que conformar con él/ella”. Y eso es muy peligroso. Muchas parejas conviven juntos, llevan una vida feliz, incluso ejemplar, pero no están enamorados. En realidad están hipnotizados por un modelo preconcebido de forma equivocada de “me tengo que casar a una cierta edad” o “como todos mis amigos tienen pareja, yo he de tenerla también”. Muchos, sobre todo mujeres (sí, chicas, sabeis que os quiero un montón, pero también sabeis vosotras que llevo razón) buscan una vida estable, una forma de integrarse en un rol que se le ha autoimpuesto por naturaleza, y que va acorde con su situación social y económica. Y para muchas, el sacrificio para tenerla es precisamente compartirla con alguien que se respeta, se aprecia, incluso se admira, pero que no se ama, y que sólo supone la última pieza de un puzzle para encajar correctamente en este mundo que nos quieren vender. Por suerte, no todos piensan de la misma forma, pues si no el amor dejaría de existir para convertirse en un conjunto de convenios de convivencia (que también existen hoy en día incluso estando enamorados).

     La decisión de cada uno, respetable. El problema, simple, que cuando por casualidad aparezca alguien que te haga prender una llama por dentro, que te acelere el pulso sin saberlo, que haga que el corazón te de saltos en el pecho, y que esté presente en tu cabeza cada segundo, el amigo/a ya no servirá para nada.  A los que estén en esta situación, por favor, no tengais hijos, que así va el país. Y a los que no, os aseguro que casaros con vuestra mejor amiga es lo más práctico, porque la convivencia fluirá sola y cuesta abajo, y los intereses comunes harán del día a día un disfrute. Y si encima, hay atracción física, entonces es la relación ideal. Pero que sea porque sí, no porque nadie lo imponga para “formar parte de”.

     Un hurra para aquellas parejas que están felizmente enamoradas, porque su futuro será la sonrisa verdadera. Otro hurra para aquellos amigos que son capaces de acostarse y decir por la mañana “Ya nos veremos”, porque esto sería para mí una utópica utopía. Y otro hurra para todos aquellos que aún preferimos estar solos antes que “socialmente” acompañados (que somos, y muchos).

     Cuando un “te quiero” comience a sustituirse por un “no te quiero, pero qué me ofreces”, el hombre se habrá superado a sí mismo, viajando hacia atrás en el tiempo hacia un modelo jerárquico animal primitivo. Después de todo, quizá sea lo que nos merecemos. Lo que nos faltaba, para elevar a nuestra especie a los altares, era acabar con el amor.

Acerca del autor

Manuel Prados

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