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jul 20

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Cuidado con enseñar la bandera de tu país

foto articulo bandera

Así solo vamos “patrás”

Vivimos en un país donde sentirse español parece no estar bien visto. Hace falta concretar, “me siento español, pero español del bueno, no de los que fusilaban”. Estoy hasta los huevos de tantas gilipolleces (perdonadme el vocabulario poco conveniente y fruto de la corrosión que tanto imbécil provoca en mis entendederas, que no tienen por qué ser mejores que las de los demás, dicho sea de paso). Y cómo hablar de los demás puede provocar reacciones varias, voy a centrarme en mí mismo.

La bandera republicana no me representa, ni tampoco lo hace la del águila. Es más, no nos representan a ninguno, pero cada cual con su lavado de coco, eso ya es voluntario. La bandera que me representa es roja, amarilla, y roja, con el escudo del reino de España, porque eso es lo que es, un reino. Ni una república, ni un gran acuartelamiento militar. Monarquía Parlamentaria, concretamente, como dice el artículo 1.3 de la constitución (sí, sí, el primero) aprobada por la inmensa mayoría de los españoles en referendum.

Y yo me siento español, y me siento identificado con esa bandera. Aunque no me gusten los toros, me gusta esa bandera; aunque no me guste el flamenco, me gusta esa bandera; aunque no me guste el Rocío, me gusta esa bandera. No me gustan los pasodobles ni las sevillanas, y sin embargo me siento español. Y me enamoran muchas cosas de España, las playas, el gazpacho, la selección, la paella, el vino Rioja, el jamón de Guijuelo, la tortilla de patatas, el pescaíto frito, una buena barbacoa, los paisajes, las gentes….al igual que su bandera. Pero por desgracia, en este país a uno no le puede gustar a la vez el rock y la semana santa, la iglesia y los sindicatos, una monarquía y un parlamento…No, en este país todavía estamos encasillados, no tenemos los cojones de abrirnos de una vez y quitarnos la losa de una guerra civil que hizo mucho daño, y cuyo fantasma tiene intención de perseguirnos hasta el infinito. Si eres de izquierdas no puedes ponerte chaqueta, si eres de derecha no puedes dejarte barba y pelo largo. Yo hago las dos cosas, ¿Seré el rarito, o seré el normal? Ya no sabe uno qué pensar. Lo mismo es que no soy ni de izquierdas ni de derechas, aunque he de tener cuidado, quizá eso sea más extraño todavía.

Hasta en EEUU, criticable en muchos aspectos, la conciencia de patria está instalada en cada hogar. No encontraréis un americano al que le de vergüenza exponer la bandera de su país en la fachada de su casa, y allí también tuvieron guerra, y de las gordas. Al mismo tiempo, aquí se nos ocurre criticar un mitin político con una gran bandera española como fondo, cosas inexplicables de los españolitos. ¿Pero en qué país vivimos?

No entiendo que aquí, en España, se sigan sacando a la calle banderas republicanas (sobre todo) y fascistas en cualquier manifestación, parece que queramos protagonizar Regreso al Futuro III. No puedo creer que en este país no se pueda enseñar una bandera española sin que nadie te grite “fascista”. ¿Fascista? ¿Fascista por qué? Llámame patriota, en todo caso. Y lo peor es que el que te lo dice quizá no sepa el verdadero significado de la palabra “fascista”.

En fin, resumiendo, y para no aburrir demasiado…que me siento español (ciudadano de España) y me encanta su bandera, estoy orgulloso de su constitución, de su monarquía (la que ni por asomo tiene la culpa de la crisis) porque, pemitidme una puntualización, prefiero que me represente fuera de mi país el rey Felipe VI mil veces antes que Mariano Rajoy o Zapatero, al menos él sabe hablar varios idiomas y puede pilotar un caza, que leches. Y gobiernos republicanos corruptos los hay, y quizá peores que este.

Y mientras sigamos con la cabeza puesta en los fusilamientos de hace 80 años (hacia los dos bandos), este país nunca será lo que se merece, un gran país. Los puños en alto y las palmas al frente murieron ya, deben morir, necesitamos que mueran de una vez si queremos asomar la cabeza por una democracia real, no una contaminada con ideales absurdos y radicalismos infiltrados y disfrazados de buenas intenciones donde se lanzan sonrisas electorales sólo para tener el apoyo de círculos poderosos que toman decisiones en ambos bandos-partidos, seguro que me entendéis.

Quiero a mi bandera, no a la de Franco, ni la de Manuel Azaña, a la de mi país, la de España, y creo en la libertad de cada individuo. Y cuando llegue un político (si le dejan) que sea capaz de romper con este lastre prehistórico y se pueda sentar a hablar con todo el mundo sin tener ningún prejuicio ni perjuicio, me frotaré los ojos por la sorpresa, y posiblemente le de mi apoyo en las urnas.

 

 

 

Acerca del autor

Manuel Prados

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